Distintivos

 
 
 
 
 
 
 

 

 

La Interdenominacionalidad

Somos un movimiento en el que participan y comparten estudiantes cristianos evangélicos de distintos trasfondos denominacionales.

Somos una comunidad de estudiantes en cuyo seno participan y comparten estudiantes cristianos evangélicos de distintos trasfondos denominacionales. Nos unimos en torno a nuestra común fe y al compromiso misionero.

En este sentido, procuramos respetar las creencias y prácticas denominacionales de los miembros y nos abrimos para ser enriquecidos unos a otros a fin de madurar en la comprensión y práctica de nuestra fe (Hech.15:28-29).

Esta interdenominacionalidad demanda una actitud de apertura, diálogo y disposición para escucharnos y exhortarnos mutuamente a fin de estimular nuestro crecimiento como hijos de Dios y para el logro de nuestra misión en la universidad. Como CIEE tenemos lazos de hermandad con distintas expresiones del pueblo Evangélico, pero no estamos afiliados a ninguna denominación.

Esto implica entre otras cosas, la valoración y respeto de la denominación de cada uno de sus miembros, el conocimiento fundamental de nuestra base de fe, el compromiso con la visión y acción misionera y la disposición para aprender unos de otros.

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La iniciativa y responsabilidad estudiantil

En la comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos –CIEE- nuestro lema es “Estudiantes alcanzando estudiantes”. Esto pone de manifiesto que la responsabilidad de la misión recae fundamentalmente en los estudiantes.

 

En la CIEE nuestro lema es “estudiantes alcanzando estudiantes”. Esto pone de manifiesto que la responsabilidad de la misión recae fundamentalmente en los estudiantes. A lo largo de la historia los estudiantes -como los discípulos del primer siglo que llevaron el evangelio al mundo gentil-, han sido el instrumento de Dios para llevar el evangelio a las aulas de la universidad (Hch.11:19-21).

Lo que el Espíritu Santo toma es la disposición y el compromiso de los estudiantes para asumir el reto misionero. Siempre que haya iniciativa y responsabilidad estudiantil habrá testimonio del evangelio en la universidad. A la vez, es importante señalar que la obra estudiantil es posible por la iniciativa y responsabilidad de los obreros y los profesionales que proveen un apoyo directo e indirecto al ministerio. Somos en esencia un movimiento de estudiantes y profesionales que reconocen y asumen su vocación misionera.

Los estudiantes cristianos son llamados a reconocer la universidad como su campo de misión. Son ellos quienes tienen un mejor conocimiento del ambiente universitario, conocen a sus compañeros y sus necesidades y son los responsables de hacer discípulos en ese contexto. Esta iniciativa a la vez necesita ser canalizada para asumir los diferentes desafíos del ministerio. Sea dentro de la célula, la facultad, la universidad o la ciudad, los estudiantes deben organizarse en directivas o comisiones que asuman el rol de dirección y planeación de la misión.

En este sentido podemos subrayar que los miembros del movimiento estudiantil somos cristianos y de paso universitarios, no al revés. Por supuesto, es necesario afirmar que nuestra iniciativa y responsabilidad no termina con la universidad. Somos también responsables ante Dios para modelar un liderazgo desde el modelo de Jesús y una vida de servicio a la iglesia y a la sociedad desde una conciencia y compromiso con el Evangelio.

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La confesionalidad

Somos un movimiento confesional porque creemos en la palabra revelada de Dios y sus propósitos de redención para la humanidad y su pueblo.

Somos un movimiento confesional porque creemos en la palabra revelada de Dios y sus propósitos de redención para la humanidad y su pueblo. Una de las marcas de la CIEE desde sus orígenes ha sido el sometimiento de su vida y misión a la palabra de Dios. La CIEE  es un movimiento que ama y estudia la palabra de Dios.

Esta ha sido parte de nuestra herencia evangélica de la Reforma. Reconocemos la palabra de Dios como norma y autoridad final de nuestra fe, pensamiento, teología y práctica cristiana. Es decir que nuestra doctrina, predicación y teología deben ser eminentemente bíblicos. En palabras de Samuel Escobar “Ser evangélico no significa únicamente ser Protestante o  Reformado, sino ser verdaderamente bíblico” (El Estudiante Evangélico, 1983, p.18).  Nuestra cosmovisión del mundo, de nuestra misión y de nuestras profesiones deben ser bíblicas.

Esto significa filtrar y someter todo pensamiento y práctica humanos bajo el juicio escrutador de la Palabra de Dios. De ahí que en la CIEE el estudio bíblico sea esencial no sólo como estrategia misionera, sino como parte fundamental de nuestro vivir y quehacer misionero.

Este distintivo es fundamental subrayarlo y afirmarlo dentro del contexto que vive hoy la universidad y las nuevas generaciones de estudiantes. Hoy se precia mucho más los medios audio-visuales que provocan y apelan a los sentidos más que a la mente, la lectura y la reflexión de la literatura escrita. La imagen como lo subraya Jaques Ellul ha substituido la palabra (La Palabra Humillada, 1983, p.139). Ante la avalancha de los medios de comunicación debemos subrayar en la vida y misión de los movimientos el lugar esencial de la palabra de Dios. En palabras del apóstol Pablo somos llamados a guardar el buen depósito del evangelio, a usarla bien y a transmitirla a las generaciones que vienen tras nosotros (2 Tim.1:13,14 y 2:2, 17).  Somos pues un movimiento confesional, pues afirma su creencia en la doctrina cristiana que emana de la palabra de Dios.

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La eclesialidad

Como GEU no somos una iglesia en el sentido institucional, sino reconocemos como iglesia dispersa en el mundo universitario. Formamos parte de iglesias locales.

Como CIEE no somos una iglesia en el sentido institucional, sino nos reconocemos como iglesia dispersa en el mundo universitario. Es decir que, formamos parte del pueblo de Dios como un todo, y por ello, somos miembros de iglesias locales.

El apóstol Pedro nos recuerda que somos pueblo adquirido para anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Ped.2:9-10). Como parte del pueblo de Dios nos consideramos como un brazo de la iglesia enviados al mundo estudiantil como misioneros de la misma. Bajo este entendido los movimientos deben realizar su misión en plena cooperación con la iglesia local, deben participar y cooperar con las iglesias locales para aportar en su crecimiento, deben animar a los estudiantes que se convierten al evangelio a  asistir y a pertenecer a una iglesia local.

Es importante que el movimiento recuerde que no es una iglesia en el sentido local y litúrgico, sino más bien una comunidad que trata de vivir y expresar su fe y los valores del Reino de Dios en su medio académico tal como lo hicieron los primeros cristianos (Hch.2:42). Es decir que no debemos necesariamente repetir los mismos patrones litúrgicos de la iglesia local en el contexto de la universidad.

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La indigeneidad

Se promueve y respeta el liderazgo estudiantil, profesional y su compromiso de asumir la conducción de la obra, así como estimula la auto gestión del movimiento nacional en términos del soporte financiero.

Esto tiene que ver con la manera en que encarnamos el evangelio y nuestro ministerio en el contexto estudiantil, la cultura y la realidad de cada país. Aunque somos una comunidad internacional se respeta las expresiones propias de cada movimiento, el liderazgo estudiantil y profesional y su compromiso de asumir su liderazgo en la conducción de la obra y estimula la autosugestión del movimiento nacional en términos del soporte financiero de la obra.

Nuestro modelo por excelencia es Jesús, mismo quien se humanó e hizo como uno de nosotros para entendernos y salvarnos (Fil. 2:5-8; Heb.2:12-14). Jesús no nos gritó desde las alturas celestiales para llamarnos al arrepentimiento, más bien entró en el mundo y la historia y desde nuestra propia condición nos entregó su mensaje y su vida para volvernos al Padre. La contextualización se constituye en un desafío para cada movimiento.

Contextualizar el evangelio significa proclamar el evangelio de manera pertinente al contexto de la universidad, tomando en cuenta la realidad, las necesidades, los problemas y desafíos que emanan del ambiente estudiantil. Por ello, es que el estudiante cristiano es la persona mas indicada para compartir el evangelio a otro estudiante, pues conoce esa realidad y puede adaptarse a ella. De ahí que los movimientos estudiantiles son desafiados a ser pequeñas comunidades del reino de Dios, que expresan a través de sus vidas y su compartir de la fe, los valores de ese reino. Esto implica el compromiso serio de todo miembro del movimiento de ser “sal y luz” en el medio universitario y la sociedad. La indigeneidad también significa asumir el liderazgo y dirección del movimiento.

Los tesalonisenses escucharon el evangelio, lo recibieron y lo hicieron suyo. Luego se encargaron de llevarlo a las demás ciudades de tal modo que Pablo ya no tuvo que visitarlas. Finalmente, la indigeneidad tiene que ver también con el asumir los costos de la misión. Los estudiantes a través de sus pocos recursos y con el apoyo de profesionales e iglesias deben dar el soporte que la obra necesita en su facultad, universidad o ciudad. Por más poco que tenga siempre podrá participar en el sostén de la obra.

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La piedad evangélica

Esto se refiere a una vida de entrega total  a Dios, una relación personal con el Señor y una actitud de obediencia a la palabra de Dios.

Esta piedad hace referencia a una vida de entrega total a Dios, una vida de relación personal con el Señor y una actitud de obediencia a la palabra de Dios. Es la demanda a una vivencia radical del evangelio.  El llamado petrino a los creyentes es que sean santos en toda su manera de vivir como Aquel que los llamó es santo (1 Ped.1:15). Es decir que la vida de piedad demanda una vivencia y comunión personal con Dios, con la Palabra y con el prójimo.

Esta demanda implica el someter la vida bajo los principios éticos del reino de Dios, una vida de santidad en todo lo que pensamos y hagamos, y la práctica de las disciplinas espirituales como la oración, el estudio de la Palabra y el ayuno,  a fin de estar preparados para enfrentar la lucha espiritual y los desafíos de la misión que libramos.

En términos prácticos, implica proveer pastoral a los estudiantes, para animarlos a una vida de santidad que refleje el modelo de vida de Jesús en todos sus actos y su manera de hacer la misión. Es necesario distinguir la piedad bíblica del  pietismo que caracterizó a algunos grupos en el pasado y que los llevó a alejarse del mundo. La piedad bíblica más bien nos provee el sustento para participar de manera radical como discípulos de Jesús en el mundo universitario de manera diferente.

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El servicio Cristiano

Este distintivo tiene que ver con la responsabilidad social que los grupos debemos asumir para servir al prójimo.

Este distintivo tiene que ver con la responsabilidad social que los grupos debemos asumir para servir al prójimo. Somos llamados a servir con la palabra de Dios y a través de hechos concretos de amor a los necesitados. Esto implica tomar en cuenta las siguientes acciones: a) Un compromiso con la situación de marginalidad, pobreza en base a la compasión y la justicia que traen el Shalom de Dios. b) La dimensión profética del anuncio del Reino y la denuncia del anti-reino en nuestra universidad y sociedad latinoamericana. c) La formación de las distintas vocaciones y la ayuda mutua en la comunidad universitaria con fines de servicio (Visión 90, CIEE , p.29). Es decir que como cristianos debemos colocar nuestras profesiones al servicio del reino de Dios y de la comunidad.

Los profesionales somos llamados a servir, no a lucrar con nuestra profesión. Nuestra conciencia y compromiso con el servicio cristiano crecerá y madurará en la medida que como estudiantes empezamos a servir. Nuestra meta y ejemplo lo constituye el Señor Jesús quien “no vino para ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate de muchos” (Mr.10:45).

La mejor manera de hacerlo es empezando a través de pequeños proyectos dentro de la comunidad estudiantil, tales como el ofrecer una serie de refuerzo académico, proveer información de la universidad a los de primer ingreso, proveer un seminario de orientación a los que ingresan por vez primera o estimulando la participación de miembros del movimiento que desean participar en las asociaciones estudiantiles con un claro sentido de servicio e identidad cristianos.

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La visión y acción misionera:

Señalamos la verdad bíblica que todos los creyentes somos misioneros. De ahí que debemos afirmar que tenemos un compromiso con la visión y acción misionera local y mundial.

Con este distintivo queremos señalar la verdad bíblica que todos los creyentes somos misioneros. Dios nos ha enviado en misión al mundo como a su Hijo Jesucristo (Jn.17:18). El sacerdocio universal de todos los creyentes nos da la base para afirmar esta verdad, todos tenemos una vocación misionera (1 Ped.2:9). Es decir, que somos misioneros por naturaleza y debemos asumir el campo donde Dios nos ha puesto como nuestro campo misionero.

Por supuesto, Dios llama a ciertos hermanos al cruce de fronteras ideológicas, lingüisticas, raciales, culturales o de territorio, para llevar el evangelio dentro y fuera de nuestro país de origen. De ahí que debemos afirmar que tenemos un compromiso con la visión y acción misionera local y mundial. La misión transcultural es parte de nuestra responsabilidad. Nos compete entonces buscar lazos de cooperación con otras universidades, movimientos y la iglesia local para impulsar la visión y acción misionera a la universidad y fuera de ella. De manera específica los estudiantes están comprometidos a llevar el evangelio aquellas universidades que no cuentan con testimonio del evangelio dentro de su país y disponerse a escuchar la voz de Dios para salir fuera si es necesario. Dios nos llama a conformar un pueblo en misión disperso en la universidad y el mundo.

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La formación para la vida

Nuestra meta es la formación de los estudiantes a la imagen de Jesús.

El discipulado es una nota fundamental en la vida de los movimientos de al CIEE. Nuestra meta es la formación de los estudiantes a la imagen de JESUS. Y para ello, nos basamos en la palabra de Dios (Col.3:16). Esta formación es de tipo formal y no formal. Es decir que, se brinda a través de programas y eventos de formación estructurados, como a través de la capacitación que se provee en el camino y por medio del esfuerzo personal de formarse desde la palabra de Dios y la experiencia de la vida misma. La formación representa de alguna manera la columna vertebral del movimiento. Y por ello, la capacitación desde la Palabra debe ser fundamental en los grupos. Esta formación debe apuntar la formación bíblico-teológica, la formación pastoral, y la provisión de herramientas para el ministerio. La meta prioritaria de todo movimiento debe ser la provisión de una cosmovisión bíblica que permita al estudiante llevar a cabo su misión y para discernir su fe y la realidad del mundo que le rodea.

Ante este distintivo debemos preguntarnos, ¿Tiene la formación de la Palabra en mi grupo un lugar central? ¿Esta proveyendo mi grupo local las herramientas bíblicas y hermenéuticas para comprender y aplicar la Palabra de Dios? ¿Estamos aprendiendo a partir de la vida o solamente del aula? Ante la avalancha del mundo de las imágenes debemos reforzar el lugar de la palabra en la vida de los estudiantes y el movimiento. Finalmente debemos preguntarnos, ¿Estamos transmitiendo vida o solo información? La  Palabra anunciada y entregada debe ser una Palabra que vivimos y podemos mostrar con el ejemplo. El Señor nos desafía a ser una comunidad de la Palabra que da vida y vida en abundancia.

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Bibliografía

Visión 90. Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos en América Latina, Quito, Ecuador: Ediciones Comunidad, 1990.

El Estudiante Evangélico. Samuel Escobar, Bobby Sng y Oliver Barclay, Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos, Lima, Perú: Ediciones Comunidad, 1983.

 

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